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Mototest -> 22/07/2014

CFMOTO 650 TR: UNA DEVORADORA DE KILÓMETROS

Como hemos mencionado en ocasiones anteriores, el mercado chileno de la moto no solo está más variado, sino que también más divertido: modelos más novedosos y a un valor asequible: en este contexto se enmarca esta CF MOTO, una gran rutera 100 % china, que no solo deslumbra con su look, sino también por su comodidad, maniobrabilidad, y una serie de accesorios que contribuyen a hacer de un tour por la carretera algo memorable.

Esta moto se matriculó en la historia del motociclismo como la primera Gran Turismo 100 % china.

Por Sebastián Ahlers V.

CFMOTO es una industria que se caracteriza fuertemente por la fabricación de ATVs y UTVs, y actualmente es casi la única factoría del gigante asiático que produce motores de motocicletas de cilindradas mayores a los 250 CC. A fines de 2012, en el Salón de Milán fue presentada esta 650 TR como la primera gran turismo diseñada y fabricada en las tierras de Mao. La atención de la prensa especializada fue inmediata, y los primeros comentarios fueron muy positivos. Recién a inicios de 2013, se exportó a Oceanía, meses después a Europa y Norteamérica. Luego de expandirse por gran parte del orbe, llegó a nuestro país de la mano de Motorsport, su distribuidor  exclusivo.


El inicio de la prueba, en las afueras del local de Motosport, en Vitacura. Es una máquina grande, potente pero amigable.


Al contemplar la  máquina inmediatamente recuerda a sus pares japonesas y europeas. Su estética y equipamiento dejan marcada su vocación: la carretera. Además tiene  una serie de detalles que avalan esa tesis: un gran carenado, con un parabrisas de buena altura, a este se le suman  dos focos centrales, que le otorgan gran prestancia,  un estanque de bencina con capacidad para 17 litros, asiento amplio, dos grandes maletas laterales, que vienen incorporadas de fábrica, una buena base para instalar un top case en la parte trasera del vehículo, y rematando, porta una gran farola de luz de freno, algo que la hace muy visible por el resto de los automovilistas.


Sus amplias maletas son rígidas y con una muy buena capacidad de carga, ideales para viajes de varios días. Y lo mejor vienen incluidas con la moto.


Su “trasero” es amplio y llamativo; su luz de freno es grande, por lo tanto mayor visibilidad.

Al subirse a ella, se siente cómoda para alguien que mide sobre 1,70 de estatura, pero se adopta una postura algo racing para su diseño, ya que las estriberas están algo atrasadas, y la posición sobre el manillar es levemente inclinada. No obstante, el piloto igual queda relajado, no va forzado. En tanto,  el mullido del  asiento es el adecuado para un viaje largo. Otro gran detalle que encontré fueron dos guanteras incorporadas en el carenado: tienen capacidad para guardar billetera, monedero, cámara fotográfica (de bolsillo) y celular. La del costado izquierdo se le puede echar llave. La de la derecha solo se cierra a presión. Son ideales para tener las cosas elementales a mano durante un viaje. Su tablero es amplio, mitad análogo - digital, pero eché de menos más información útil para el chofer: un reloj horario e  indicador de marchas.


Una de las guanteras del carenado: cabe todo lo que necesitamos tener a mano durante un viaje. En la foto, mi billetera, celular, pañuelos desechables, y tiene espacio para más. 


El tablero algo justo de información para sus dimensiones y el tipo de máquina. 

RECORRIENDO EL LITORAL DE LOS POETAS

Al encenderla, entra en funcionamiento su motor de 650 CC, bicilíndrico de 8 válvulas, inyectado y enfriado por líquido, el cual logra desarrollar 70 HP a las 8.500 RPMs. En marcha se siente suave, tanto su entrega de potencia, que es pareja y sostenida, como su amortiguación. Tampoco se siente ninguna clase de vibraciones, incluso a alta velocidad. Moverla por Santiago es sencillo, ya que tiene buen radio de giro, y a pesar de ser un vehículo algo voluminoso, llamativo, este detalle le otorga más seguridad al rider: es visible en todo momento en medio de los autos.


Fue un agrado viajar al litoral central con esta nave: muy cómoda, estable y rápida.

Sin embargo,  al circular por las saturadas arterias de la capital, su máquina roncaba más fuerte, su caballaje se sentía oprimido y pedía más acción: “llévanos a la carretera”. Y les hice caso. Enfilamos hacia la Provincia de San Antonio. Por la Ruta 78 fácilmente alcancé los 120 K/H, y en ese ambiente se sentía muy estable, firme, incluso en los adelantamientos a camiones con doble acoplado. Coloqué la sexta marcha, y su motor funcionó más holgado aún y en algunos tramos logré los 160 K/H, y tenía espacio para seguir acelerando. A esas velocidades las turbulencias se sentían muy suaves, no alcanzando a ser molestas. Ya en la Quinta Región, en caminos costeros, allí donde la ruta es un punto intermedio entre el mar y los cerros, se mostró muy dinámica, y deportiva: entraba fácil en las curvas, logrando tener en algunos tramos una conducción más agresiva, pero con seguridad, ya que siempre se sentía estable. Asimismo, sus dos discos de freno en la rueda delantera y uno en la trasera, detenían sin dificultades este vehículo.  Un verdadero agrado fue su conducción a través de comunas del litoral central, en un soleado y frío día de otoño. Por las distintas comunas que crucé, la atención de los lugareños fue inmediata, y más de alguien me felicitó por ser el “propietario” de una nave tan bella. Enfilar hacia Santiago, vía Casablanca – Ruta 68, fue un juego: la moto era muy obediente, ya que entregaba su potencial cada vez que se lo solicitabas,  pudiendo manejar muy calmado, disfrutado del  suave lomaje del valle central, como acelerar con brusquedad y tragar kilómetros de manera vertiginosa. Según el carácter del conductor, es el tipo de manejo que obtendrás sobre esta CFMOTO 650TR.


De vuelta a Santiago, con la firme convicción que su hábitat natural es la carretera.

Por unos  4,5 millones en promedio, podrás obtener una muy buena nave si lo tuyo son las carreteras largas, con tramos trabados y paisajes memorables. Asimismo, una de sus grandes fortalezas para los motoristas de la vieja guardia radica en su simpleza: sin  alardes tecnológicos que puedan marear a algunos pilotos,  a su vez se maneja fácil, responde en calles y autopistas. Polivalente, económica, sencilla y bonita. ¿Qué más se le puede pedir a una moto?   

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