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Mototest -> 15/05/2014

DE TOUR POR LAS CONDES EN UNA TRIUMPH BONEVILLE T100

Las motos con una estética “retro” están de moda, ya que cautivan por su incombustibilidad al paso del tiempo: la Boneville T100 es un digno ejemplo de eso. . . es una viejita juvenil que no envejece a pesar de tener casi 6 décadas de vida. Todo un logro. Pero ¿cómo lo hace?

Una máquina clásica en todo sentido. No deja indiferente a nadie.

Por Sebastián Ahlers V.

Montarme sobre su asiento recto y totalmente plano, inmediatamente me trasladó a la década del cincuenta: un tiempo de cambios, en que la contracultura juvenil se tomaba las pantallas de cine, las radios con los inicios del rock, las pandillas de motoristas rebeldes, y toda esa estética de cuero negro que nació, se consolidó y se ha proyectado a lo largo del tiempo en el mundo motoquero, especialmente en los amantes de las  chopers. Sobre esta Triumph me sentí como Marlon Brandon en “El Salvaje”, aunque mi atuendo de cordura y casco integral, muy del siglo 21, no me acompañaba mucho con el ornamento de la T100, que más bien evoca a un piloto de botas vaqueras, jeans, casaca de cuero y casco abierto.

Es una nave con muchos cromados y metales firmes;como los de antaño

Su look poco ha cambiado con el paso de los años: una medida que el fabricante ha hecho a propósito,  conservado  mucho metal sólido, abundantes cromados de gran calidad, un asiento totalmente plano, sin niveles, foco principal redondo, horquillas convencionales recubiertas con fuelles de goma, dos brazos de amortiguadores traseros,  tapa de combustible rosca, que cautivan a los amantes de las motos “Old School”. Los ingleses siendo fiel a una apariencia antigua,  se dieron el trabajo de montar un par de  carburadores totalmente falsos, los cuales ocultan la inyección electrónica, y siguiendo esa línea, los fabricantes también colocaron un botón de ahogador o “chupete” de utilería,  que tiene por única finalidad ser consecuente con las líneas clásicas de la máquina.

¿Carburación?, no, bajo estos hay inyección electrónica de punta.

Ya en términos mecánicos, su encendido electrónico es una concesión tecnológica de la firma, que si bien rompe con la tradición de la partida “por patada”, es ostensiblemente más eficiente y sobretodo cómoda, que el sistema de arranque original de la Boneville. Por otro lado, el motor en ralentí, denota fuerza y agilidad, es suave, parejo y sin vibraciones: sus 850 cc y 70 HP de potencia te indican que están ahí, tranquilos, pero listos para entrar en acción cuando tú lo desees. Asimismo, su radiador alimentado por aceite, impiden que se sobrecaliente el motor encendido estando la motocicleta detenida. Algo que se agradece profundamente en las horas de tacos.

Para hacer rodar esta joyita inglesa, tuve que moverla a pulso de su estacionamiento entre otras motos, y al empujarla se siente liviana, a pesar de tener un peso promedio de 200 kilos  (y eso que yo no soy precisamente un musculoso), y unas dimensiones grandes, pero bastante proporcionadas  y sobretodo, muy bien distribuidas.

El botón del chupete es de adorno. Un detalle que los ingleses no pasaron por alto conservando el look vintage de la T100

Ya en marcha por Avenida Las Condes, se movía ágilmente para ser una nave de alta cilindrada, incluso a muy baja velocidad y por espacios estrechos. Y si bien montado sobre esta motocicleta, sentías permanentemente su potente motor entre tus piernas, este vehículo definitivamente sabe comportarse en el escenario urbano, develándose como un gran medio de transporte dentro de las congestionadas calles santiaguinas. Asimismo, en cada esquina llamaba la atención: me miraban desde las copadas micros, peatones, automovilistas e incluso motoristas en máquinas actuales, que veían en esta Triumph la magia de una moto que no se ve tan fácilmente . . . por lo menos en nuestro país.

Si bien la idea de esta prueba era un recorrido netamente urbano, en algunos tramos pude acelerar, sintiendo que su velocidad aumentaba con muchísima facilidad: tiene un acelerador sensible, que responde cuando se lo piden. En tanto, sus frenos, ambos de disco, funcionan bien, y cumplen con su trabajo.  Frenar, acelerar, pasar cambios fue todo un agrado, la Boneville siempre respondió sin problemas, con docilidad, intuyéndome la jugada por lugares donde el excesivo parque automotriz y sus agresivos conductores, podrían poner en riesgo tu integridad.

El test citadino se me hizo muy breve; la hora y el tráfico ya me estaban jugando en contra, y entregar la máquina a Triumph Chile, fue una pena: no me quería bajar. Su potencial  solo había sido ocupado parcialmente. No obstante, las puertas de la marca quedaron abiertas para una nueva experiencia sobre una montura británica. 

 

 

 

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